Es un hecho curioso que la defensa personal cómo asignatura en sí, se suele tomar bastante a la ligera en el mundo marcial.

Por un lado tenemos las artes marciales tradicionales que están demasiado enfrascadas en su propio currículum (katas, taolus, formas, armas, métodos, etc).

Contrario a lo que el neófito pueda pensar, el tener un cinturón negro en estas disciplinas no significa que la persona sepa gestionar una situación de riesgo, de hecho conocí un par de casos en los que un practicante de varios "danes" fue prácticamente vapuleado en la calle por un "don nadie"... pero que sabía cómo funcionaban las cosas en la calle.

En la otra punta del problema tenemos a los deportes de combate.

Tienen una ventaja respecto a las artes tradicionales: que enfocan la mayor parte de su esfuerzo en el contacto con otros practicantes, están más acostumbrados a la dinámica de un enfrentamiento (reflejos, distancia, combinaciones de técnicas en un ambiente poco previsible y digo poco porque existen reglas)

Pero que nadie se engañe, lo que pasa en un dojo o en un ring está bastante lejos de una situación real por muchos motivos.

La mayor resistencia a encarar la autodefensa en términos razonablemente específicos está en los docentes (tanto de tradicionales como deportivos) que sienten tocado su orgullo (aunque no hay motivo), cosa que les impide comprender,enriquecerse y ayudar a sus alumnos a los que, ojalá nunca ocurra, sus enseñanzas podrían marcar la diferencia entre salir con vida o no de un enfrentamiento real.

Los artistas marciales generalmente están más abiertos a este enfoque porque ellos saben que invierten mucho tiempo en mantener principios, tradiciones y no siempre, por razones propias o ajenas, atienden lo que debieran el tema de la autodefensa.

En cambio es muy común que algunos luchadores de MMA, Vale Tudo, BJJ, UFC y demás deportes de combate reaccionen negativamente ante esta afirmación (como si uno estuviese diciendo que no sirven para nada).

Esta reacción se debe mayormente a que su reclamo publicitario se basa en lo que siempre se ha intentado y nunca logrado: en proclamarse el método definitivo de combate.

Yo lo veo como un problema mediático (no olvidemos la época en la que vivimos, el espectáculo es fundamental), donde se busca impresionar a los espectadores para que asistan a los combates como los antiguos romanos al Coliseo o hacer que la gente acuda en tropel a su gimnasio.

Pero mucho me temo que no existe tal cosa como el "método definitivo", ya que cada uno es una interpretación de la realidad y hay tantas interpretaciones como expertos, que variará, como en toda actividad humana, según la experiencia vital y profesional de cada uno.

"Definitivo", "último", "el más real", son afirmaciones marketineras para vendernos un grupo de técnicas, que a veces son muy efectivas otras no tanto, pero que para nada pueden prometer invencibilidad. Para ello deberían venderte en la entrada un aparato lector del sistema nervioso para que consiguieras detectar exactamente la reacción de tu agresor...

Hay cierta herencia del modelo publicitario norteamericano, donde para venderte un cuchillo le ponen "Terminator" o a una moto "Roadkiller" y cositas por el estilo.

Transmiten cierta falsa sensación de poder y nuestra parte oscura, admitámoslo, sonríe secretamente pensando que poseemos algo con lo que podemos machacar a quién nos dé la gana...

Para bien o para mal, no existe la escuela de guitarra definitiva, o la dieta definitiva, aunque todos los días vemos ese adjetivo intentando vendernos algo.

Sucede que en el fondo queremos que nos vendan una receta, algo que nos asegure que estamos gastando bien nuestro dinero y de paso sentirnos parte de una élite (porque si yo practico lo mejor, los demás son unos tontainas).

Reconozco que una persona que entrena constantemente para vencer a su contrincante en el cuadrilátero o en el tatami no le hace ninguna gracia que alguien le diga "te quiero ver en la calle, a ver como reaccionas".

Pero no hay ninguna maldad en la frase, ya que en realidad, nadie, ni quién escribe, sabe cómo reaccionará en esos momentos.

Una trampa psicológica muy común, es pensar que tenemos una ventaja táctica descomunal sobre un atacante callejero porque nosotros entrenamos y el no.

Pensar así es un billete de ida a la sala de urgencias.

Si trajeras a tu atacante a tu dojo, con tus condiciones y tus reglas, seguro que no podría contigo.

Pero ten en cuenta que cuando te agredan estarás en las condiciones que tu enemigo ha previsto, de la que, como todo depredador, tratará de sacar la mayor ventaja posible (los leones atacan a las gacelas débiles o viejas, no a las más fuertes y rápidas), no tiene reparo moral en hacerte daño, no le importa responder legalmente y lo más importante, se dedica a ello.

Estás en su territorio, que es en gran medida el territorio regido por la ley del caos.

Repasemos ahora nuestra sensación de seguridad con un poco más de realismo.

Personalmente, debo decir que confío más en un método que incluya una buena cantidad de contacto con otro contrincante, porque eso aceita la habilidad, pero no existe en el planeta un arte, sistema, método o deporte que pueda practicarse ante cámaras y de forma medianamente civilizada que represente fielmente la realidad.

Como dice el maestro Dan Djurjievic: "tener pocas reglas no es lo mismo que no tener ninguna".

Algún colega me ha contestado "si pero casi no tenemos" y lo les contesto con un dicho de mi tierra: "de casi nunca a muerto nadie".

"Casi" es una palabra peligrosa.

"Casi salí ileso" no es lo mismo que "salí ileso".

Existe un problema con algunas técnicas marciales tradicionales y es que están mal interpretadas y puestas en contextos equivocados de forma que se vuelven inútiles. Otras necesitan tanto dominio que es poco probable que uno las vea usadas en una situación de emergencia.

En cuanto a las técnicas deportivas, justamente se extraen las más útiles para la autodefensa, porque es diferente el objetivo, gracias a Dios.

En las artes marciales el objetivo es la excelencia técnica y en los deportes de combate el ganar.

El de la defensa personal es la supervivencia o como veremos en otros artículos, simplemente evitar que la cosa llegue a mayores.

El cineasta Fellini decía que la realidad no podía filmarse por inverosímil.

En defensa personal la realidad no puede practicarse porque alguien iría al hospital.

Por lo tanto, en lugar de buscar una imposible transcripción de la "realidad" a nuestro sitio de entrenamiento, mejor debemos buscar el uso del sentido común, la optimización de nuestras reacciones y la correcta preparación psicológica.

Creo que el problema empieza cuando una escuela o persona física quiere vender la infalibilidad (justamente es eso lo que pretende: vender), cuando lo máximo que puede hacerse en esta vida es darte herramientas para salir airoso, si hay suerte.

Así que nadie debe ofenderse y ser razonable, todas las disciplinas marciales y deportivas son maravillosas y cada una en su área aporta conocimientos fundamentales.

Deberíamos considerar que así como el hockey es el hockey, no es lo mismo hacerlo sobre patines, hielo o césped y mucho menos lo es en una calle oscura, sin árbitro y sin reglas.

La defensa personal es ese hockey en el que a veces ni bastón tenemos para realizar la jugada.

En cuanto a la construcción de la defensa personal en sí, mi opinión es que las artes marciales dan estructura y solidez técnica (además de la base moral correcta) y los deportes de combate la oportunidad de ejercerlos en un ambiente poco controlado, aportando reflejos, concepción de distancia y pérdida de miedo a ser golpeados.

Sin embargo la verdadera autodefensa no debería requerir un abrumador bagaje técnico para que funcione, de lo contrario se transgreden sus propios objetivos.

A lo largo de mis años de práctica he visto que la materia de la autodefensa es relegada a un segundo o tercer plano.

Esto tiene su explicación.

Indiscutiblemente, uno entrena lo que más le preocupa mejorar.

Es más probable que nuestro objetivo sea pasar el examen de cinturón, subirnos a un podio en el siguiente campeonato o llegar a las finales en un torneo, que estar preocupados por nuestra seguridad personal.

Puede que vivamos en un país muy seguro, pero incluso si no, es más factible que nos mate el colesterol que un asaltante en un intento de robo o violación. La cosa cambiaría si viviéramos en la china medieval, cuando salir a un camino desarmado era jugársela a no volver con vida.

Nadie escapa a su tiempo, por lo tanto nuestras preocupaciones son las del humano del siglo XXI, donde, afortunadamente, no hay un grupo de ninjas asesinos esperándonos a la vuelta de la esquina.

Sin embargo la defensa personal es una asignatura pendiente, primero porque nadie en absoluto está libre tener que enfrentarse a un acto violento y segundo, porque nos exige adoptar una serie de mecanismos que nos mejorarán la vida como: autoconfianza, autoestima, autocontrol y muchos otros autos...

El estado de alerta, la capacidad de evaluar una posible amenaza, el poder de prevención, son algunas de las facultades que podemos aplicar a muchas áreas de la vida y que la práctica de la defensa personal estimula.

No pretendo acicatear la paranoia de nadie, andar por la vida viendo fantasmas de agresores por cada rincón sería un síntoma de necesitar ayuda profesional y alguna medicación.

Pero la desgracia tiene la característica de llegar cuando menos la esperamos.

Un viejo dicho del lejano oeste reza: "más vale tener un arma y no necesitarla, que necesitarla y no tenerla"

No hace daño estar medianamente preparado.

Gracias por leerme.

Fernando Veira

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